Desideria: VIERNES DE LA 10 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Cicl...: 1 Reyes 19, 9a.11-16 Salmo 26: Tu rostro buscaré, Señor Mateo 5,27-32 1 Reyes 19, 9a.11-16 En aquellos días, cuando Elías llegó a Hor...
La MESA REDONDA DE JESÚS, MARÍA Y JOSÉ, es un espacio de reflexión, oración y diálogo, sobre un estilo de vida muy peculiar: el de unas personas que viven en comunidad animados por la celebración de su fe cristiana, en comunión de vida (castidad), oración (obediencia) y trabajo (pobreza). La espiritualidad de la Sagrada Familia de Nazaret y el testimonio profético de san José Manyanet inspiran este estilo de vida y nos ha dado un nombre: Hijos de la Sagrada Familia, Jesús, María y José.
REVISTA VIVENCIAS
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Saturday, June 14, 2014
Saturday, December 15, 2012
HIJOS DE LA SAGRADA FAMILIA: Nuestra respuesta y prioridades
La santidad a la que estamos llamados nosotros también, hijas e hijos del Padre Manyanet, no difiere de la suya (cf. Audacia, Creatividad y Santidad de José Manyanet) ni en el origen, ni en el fin, ni en los medios. Se inspira también en la Sagrada Familia de Nazaret. Requiere fidelidad al carisma de fundación y al patrimonio espiritual del Instituto. Se nos pide vivir hoy con la audacia evangélica, la creatividad apostólica y la santidad carismática del Padre Fundador la vocación y misión que nos legó. Solo así seremos capaces de responder a los retos o desafíos que nos plantea la sociedad actual.
Se nos pide que, como fruto de nuestra vida interior y espiritualidad al calor de Nazaret, seamos hoy otros Manyanet, que respondamos, como él lo haría hoy a las llamadas del Espíritu, a las necesidades de las familias y de los niños y jóvenes.
Aunque no es fácil concretar las líneas básicas de esta respuesta y salvaguardando las orientaciones de cada uno de nuestros Institutos, sentimos una triple urgencia que queremos compartir con todos vosotros.
Se nos llama a:
1. Profundizar en nuestra espiritualidad:
Profundizarla en los dos aspectos con que la caracterizan nuestras Constituciones: nazarena, inspirada en la Sagrada Familiad de Nazaret, y apostólica, según el legado de nuestro Padre Fundador, es decir, vivir el Evangelio de Nazaret a anunciarlo a las familias.
Al hablar de profundizar, no nos referimos primariamente a un trabajo intelectual de reflexión o de investigación histórica, sino a crecer en espiritualidad, a permitir que el Espíritu de Jesús sea el rector de nuestras vidas, de nuestras acciones, de nuestras opciones personales, comunitarias e institucionales. Y hacer esto con el talante de María y José en la casa de Nazaret, que debe configurar nuestro ser y nuestro actuar.
Sobre nuestra vocación y misión, no podemos menos que recordar las palabras del Papa en la conmemoración de la muerte del Padre Fundador: “Esta misión, a la que el Padre Manyanet se entregó sin reservas y sabiendo el papel determinante que la familias desempeñan en la Iglesia y la sociedad, la puso en vuestras manos para que la incrementéis con el ardor de un profundo espíritu evangelizador y la viváis intensamente como un servicio precioso a a la Iglesia y a la humanidad de nuestros días” (7 diciembre 2001).
2. Compartir la espiritualidad y misión nazareno-familiar con los seglares:
Nuestro carisma es un don a la Iglesia y no nos lo podemos apropiar. Nosotros somos los primeros herederos pero no los propietarios. Especialmente los seglares más cercanos a nuestras casas y obras, pueden recibir también este don, para vivirlo y trabajar con él. Se trata, pues, de una relación recíproca de amistad, confianza, ayuda, interpelación, con un nuevo sentido de Iglesia, donde se den la complementariedad de las vocaciones, la comunión y la participación.
3. Comprometernos en la pastoral de las vocaciones y en la formación:
No son dos propuestas. Se trata de ser, de testimoniar y de actuar. No hay mejor acción que el propio testimonio. La vida atrae. Sobre todo la de un grupo, la de una comunidad; mucho más convincente que la de un solo individuo.
Pedir también la colaboración de los seglares en este trabajo de pastoral vocacional. Pedirlo en la pastoral educativa, que sólo será verdaderamente acción de Iglesia (pastoral) si ayudamos a los jóvenes a descubrir su propia vocación en la Iglesia y en el mundo.
Y después de este despertar vocacional en contacto alegre con gente que irradia algo porque llevan fuego dentro, hay todo un largo y delicado camino por recorrer. Es la formación. Que nunca termina. Es la lección que nos da Desideria en la escuela de Nazaret: creer en la necesidad y posibilidad de aprender, de crecer siempre.
Nos ha parecido que esta sería la recomendación que nos haría hoy el Padre Fundador en el día solemne de su canonización. Esta fecha nos dice que él sigue vivo y presente en la Iglesia y, especialmente entre nosotros, y que, por consiguiente, su camino es un camino seguro y auténtico de Evangelio. Y que él nos recomienda para llevar a cabo los mismos medios con que él lo recorrió: la audacia o valentía, la fidelidad dinámica y la santidad.
M. Edith Gutiérrez, M.N., Superiora General
P. Luis Picazo, S.F., Superior General
Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.
Friday, July 8, 2011
ONG Católicas: “No queremos sólo técnicos, sino testigos de Cristo”, Card. Robert Sarah
“En muchos países la verdadera insuficiencia no es de alimento o vestido sino de Dios”.
“Entre los voluntarios no queremos solamente técnicos sino que éstos además sean testigos de Cristo”.
Dar a la acción caritativa una espiritualidad cristiana, hacer entender que ésta proviene de Dios. Este es el objetivo del Congreso Internacional de Voluntarios Católicos se realizará el 10 y 11 de noviembre de 2011 en Roma. Lo dijo este jueves en Roma, el cardenal Robert Sarah, presidente del Pontificio Consejo Cor Unum, en un desayuno de trabajo con periodistas.
“No estaría aquí si no hubiera visto hombres morir por mí, que me dieron la fe, la cultura y tantas cosas” dijo con emoción el cardenal que en los años 80 fue obispo de Conakry en Guinea y que se salvó por poco durante algunas persecuciones en África. Y subrayó que en muchos países “la verdadera insuficiencia no es de alimento o vestido sino de Dios”.
En el congreso estarán presentes los responsables de asociaciones de voluntarios de inspiración católica, además de invitados como la responsable de la UE de cooperación internacional y ayuda humanitaria y voluntarios, Kristalina Georgieva.
Dos días que serán un paso más del recorrido iniciado hace pocos años con la encíclica Deus Caritas Est. En esta perspectiva se inserta también la reforma de la Caritas Internationalis que tuvo en mayo pasado su Asamblea General, con la presencia de representantes de 165 organizaciones miembros, “con nuevos estatutos que deberán ser aprobados y cuyo rumbo está yendo en la dirección correcta”.
El purpurado recordó que entre los voluntarios “no queremos solamente técnicos” sino que éstos además sean testigos de Cristo.
El cardenal Sarah trazó un panorama del trabajo de Cor Unum, querido por Pablo VI, para que se ocupe de la caridad del papa y de la Iglesia, realizando catequesis de la caridad en los diversos continentes y para que sea un referente e instrumento de coordinación entre las asociaciones de voluntarios y la Santa Sede. Además de organizar en primera persona acciones humanitarias de emergencia.
Interrogado sobre las causas de la pobreza que sufre un continente rico como África, si era culpa de los dirigentes locales o de los inversores extranjeros, el purpurado africano consideró: “No debemos negar nuestra responsabilidad, pero también la de los poderosos. Si existen corruptos también se debe a que hay corruptores” Y añadió: “No nos olvidemos que las guerras permiten explotar sin reglas” y se preguntó: “¿De dónde salen todas estas armas tan costosas, cómo se pagan?"
De otro lado indicó que la Fundación Populorum Progressio, fundada por Juan Pablo II interviene con diversos proyectos de microcrédito, generalmente de monto no superior a los 10.000 dólares. En Latinoamérica por ejemplo, en los últimos 15 años ha financiado más de tres mil por un valor total superior a los 26 millones de dólares.
Además con costos de gestión particularmente bajos. En los próximos meses la Fundación Populorum Progressio realizará diversas actividades en varios países de América Latina haciendo conocer el trabajo que realiza.
Fuente: Zenit
“Entre los voluntarios no queremos solamente técnicos sino que éstos además sean testigos de Cristo”.
Dar a la acción caritativa una espiritualidad cristiana, hacer entender que ésta proviene de Dios. Este es el objetivo del Congreso Internacional de Voluntarios Católicos se realizará el 10 y 11 de noviembre de 2011 en Roma. Lo dijo este jueves en Roma, el cardenal Robert Sarah, presidente del Pontificio Consejo Cor Unum, en un desayuno de trabajo con periodistas.
“No estaría aquí si no hubiera visto hombres morir por mí, que me dieron la fe, la cultura y tantas cosas” dijo con emoción el cardenal que en los años 80 fue obispo de Conakry en Guinea y que se salvó por poco durante algunas persecuciones en África. Y subrayó que en muchos países “la verdadera insuficiencia no es de alimento o vestido sino de Dios”.
En el congreso estarán presentes los responsables de asociaciones de voluntarios de inspiración católica, además de invitados como la responsable de la UE de cooperación internacional y ayuda humanitaria y voluntarios, Kristalina Georgieva.
Dos días que serán un paso más del recorrido iniciado hace pocos años con la encíclica Deus Caritas Est. En esta perspectiva se inserta también la reforma de la Caritas Internationalis que tuvo en mayo pasado su Asamblea General, con la presencia de representantes de 165 organizaciones miembros, “con nuevos estatutos que deberán ser aprobados y cuyo rumbo está yendo en la dirección correcta”.
El purpurado recordó que entre los voluntarios “no queremos solamente técnicos” sino que éstos además sean testigos de Cristo.
El cardenal Sarah trazó un panorama del trabajo de Cor Unum, querido por Pablo VI, para que se ocupe de la caridad del papa y de la Iglesia, realizando catequesis de la caridad en los diversos continentes y para que sea un referente e instrumento de coordinación entre las asociaciones de voluntarios y la Santa Sede. Además de organizar en primera persona acciones humanitarias de emergencia.
Interrogado sobre las causas de la pobreza que sufre un continente rico como África, si era culpa de los dirigentes locales o de los inversores extranjeros, el purpurado africano consideró: “No debemos negar nuestra responsabilidad, pero también la de los poderosos. Si existen corruptos también se debe a que hay corruptores” Y añadió: “No nos olvidemos que las guerras permiten explotar sin reglas” y se preguntó: “¿De dónde salen todas estas armas tan costosas, cómo se pagan?"
De otro lado indicó que la Fundación Populorum Progressio, fundada por Juan Pablo II interviene con diversos proyectos de microcrédito, generalmente de monto no superior a los 10.000 dólares. En Latinoamérica por ejemplo, en los últimos 15 años ha financiado más de tres mil por un valor total superior a los 26 millones de dólares.
Además con costos de gestión particularmente bajos. En los próximos meses la Fundación Populorum Progressio realizará diversas actividades en varios países de América Latina haciendo conocer el trabajo que realiza.
Fuente: Zenit
Friday, May 27, 2011
Mision de la Vida Religiosa
"Una comunidad religiosa ha de producir impacto en su entorno, provocacion. Pasar desapercibidos en el barrio, en la parroquia o en el pueblo es perder el sabor y la luz", Alejandro Fernandez Barrajon, Mecha y Candil. Una mirada a la Vida Religiosa.
Sunday, December 19, 2010
"El problema ya no son las estructuras: se las ha modificado cuando se ha querido. Ahora el problema es el compromiso de los religiosos mismos," Joan Chittister, O.S.B.
Dicen que el cambio comienza cuando alguien vislumbra el siguiente paso. O más bien cuando alguien alcanza a ver que el último paso ya no funciona. Descubrir el siguiente se convierte en una bendición, una carga y un reto.
Explorar el siguiente paso es una bendición porque se puede dar el momento mágico de embarcarse en lo desconocido con fuego y entusiasmo. Y buscar es una carga pesada cuando el camino parece que no lleva a ninguna parte. Y es un reto porque nos confronta con opciones nada fáciles.
La revitalización de la vida religiosa ha sido las tres cosas. Acabando el Concilio Vaticano II, todo nos parecía posible, todo se experimentaba. Los religiosos empezaron a emerger de las sombras de la institución, y a alejarse de los trabajos tan propios, anónimos y funcionales del servicio social católico para instalarse en las necesidades de un pueblo, no de un sistema.
Los religiosos rompieron las barreras denominacionales. Adquirieron voz en público. Empezaron a operar dentro de la sociedad y hombro con hombro con el resto del pueblo de Dios. Abandonaron las estructuras y simbolos que procedian de una teologia dualista y descubrieron lo sagrado en lo secular. Estaban seguros de que poniéndose al día, la vida religiosa se reanimaría, le darían sentido frente a este mundo, la harían atractiva para esta generación, importante a los ojos de los demás.
Pero el mundo siguió su curso como si nada, algo molesto por haber perdido lo que había llegado a ser mística religiosa; otros, confundidos por un estilo de vida aparentemente todavía más sin sentido que nunca. Y si no iban a encontrar mística en la vida religiosa, para ¿qué entrar?
Lo que se decía más de la vida religiosa era la edad promedio y la falta de vocaciones. Y algunos más interesados por los números que por el contenido, decían que la vida religiosa había pasado de moda.
Por un tiempo, la mayoría del mundo religiososo ni se movió. Los religiosos de Estados Unidos iban peligrosamente avanzados en el proceso, y pronto fueron descalificados por decadentes, o al menos por haberse equivocado seriamente.
En Sudamerica, los religiosos estaban también profundamente comprometidos en el cambio y fueron considerados por muchos como ingenuos al servicio de grupos políticos subversivos, más que congregaciones bajo el impulso del Espíritu Santo.
Europa en su mayoría había mantenido, sin embargo, un modelo de vida religiosa más pre-conciliar y en los nuevos países independientes la mayor parte de los religiosos no estaban interesados en el tema de la renovación religiosa: demasiadas escuelas que abrir, demasiados pobres que atender, demasiados refugiados que acomodar, como para tener tiempo de preguntarse sobre el sentido de la vida religiosa.
En la mayor parte del mundo, la renovación de la vida religiosa tomó más el carácter de un simulacro de incendio, pero no de un incendio de verdad. Algo había que hacer pero no demasiado en serio.
Pues bien, se acabo el tiempo: los signos están ahora por doquier. El simulacro se ha convertido en incendio. El sentido de pertenencia está por los suelos en todo el mundo. Viejas instituciones religiosas se han vuelto obsoletas o han sido reemplazadas por instituciones laicales. En Irlanda, el año pasado, se pusieron a la venta más de 60 propiedades religiosas.
Aun en el mundo en desarrollo, si el papel de la vida religiosa se considera funcional, las necesidades son demasiadas y las vocaciones, insuficientes. Es decir, donde predomina el modelo occidental de vida religiosa del siglo XIX, los planes de la sociedad y de las congregaciones no coinciden y dejan a la gente sin apoyo, y a las comunidades sin relevancia social. La cuestión es, por supuesto, si es todavía de alguna utilidad la vida religiosa en la “era del laicado”.
Diarmud O’Murchu, en Religious Life: A Prophetic Vision, subraya tres dimensiones que están muy relacionadas con la situación actual de la vida religiosa y dice que para ser efectiva debe reflejar las más profundas aspiraciones del espíritu humano de libertad, amor y justicia. Debe estar en el mundo sin ser del mundo. Debe ser critica de la sociedad en la que existe desde la perspectiva del evangelio y para el provecho de los pobres y oprimidos.
La vida religiosa depende mucho más de la finalidad y los valores del grupo que de las meras estructuras.
Marcello de C. Azevedo, SJ., en su articulo Challenges to European Religious, pide a los religiosos europeos que se abran a los cambios de su situación social, que levanten las voces proféticas en su propia cultura y que apoyen en vez de aplastar la nueva función de la vida religiosa fuera de Europa. Que no se dediquen a las necesidades del pasado sino que encaren los grandes problemas de la actualidad que plagan y dividen a la gente.
Lo importante es que la vida religiosa está a punto de renovarse y confronta dos opciones: la comodidad personal o la presencia profética, compromisos individuales o congregaciones con carisma. Ninguna de las dos es fácil.
El problema ya no son las estructuras de la vida religiosa: se las ha modificado cuanto se ha querido. El problema ahora es el compromiso de los religiosos mismos.
Si la preocupación fundamental de cada religioso y de sus congregaciones, después de tantos años de adaptación y de ajustes y desarrollo individual, es la comodidad, la seguridad, la espiritualidad privada, la conservación de museos monásticos o antiguas instituciones apostólicas, ambos autores dicen que no hay razón para que exista ese tipo de vida religiosa.
Si comunidades de hoy desaparecen, algo nuevo seguramente seguirá en su lugar porque el papel de la vida religiosa es personificar y expresar los valores esenciales, los mejores, los valores ejemplares de la humanidad.
Dios nunca deja de “confortar a su pueblo”, de enviarle un profeta, de levantar una voz en el desierto.
Una cosa es segura: hay mucha vida en esta muerte. En estos 25 años han sucedido más cambios en las comunidades religiosas que en todo lo que va desde principios del siglo XIX. Lo que falta ver es si las comunidades en general van a seguir forjando vigorosamente, para un mundo a punto de globalizarse, una Iglesia entrampada en el sexismo y una nación clasista, o si desgastados por la lucha de los últimos 25 años, y aficionados al calor del nido, se van a contentar con la pasividad, la privacidad y la comodidad personal.
El problema ahora no es ver si en cada comunidad tenemos unos cuantos profetas esforzándose por mantenerse activos bajo el peso muerto del pasado. El problema ahora es si tenemos comunidades proféticas que en conjunto sean un signo de esperanza, donde ni la edad ni el número de religiosos estorbe su llamamiento o suprima sus voces, donde ni el quietismo ni la desesperación oscurezcan los modelos alternativos que deben ofrecer, en cada época, a un mundo necesitado de alternativas.
La cuestión ahora es si hay en nosotros espiritualidad profunda, fundamentada, genuinamente evangélica para llegar, más allá de nuestras plegarias personales, a edificar el Reino de Dios, que es a lo que nos llaman esas plegarias.
La Iglesia está esperando. El mundo está a la espera. Los jóvenes están esperando una vida religiosa tan insertada en el momento contemplativo que haga cosas significativas de modo significativo, en este momento decisivo de la historia. Quieren ver si esta generación de religiosos tienen algo que aportar en esta época, como lo hicieron ante los problemas del pasado. Ahora tenemos la oportunidad de ser mas religiosos que nunca.
Preparado por 25 años de cambios y adaptaciones cosméticas, el mundo esta esperando ver si los religiosos van a dar el siguiente paso decisivo.
Joan Chittister, O.S.B.
Explorar el siguiente paso es una bendición porque se puede dar el momento mágico de embarcarse en lo desconocido con fuego y entusiasmo. Y buscar es una carga pesada cuando el camino parece que no lleva a ninguna parte. Y es un reto porque nos confronta con opciones nada fáciles.
La revitalización de la vida religiosa ha sido las tres cosas. Acabando el Concilio Vaticano II, todo nos parecía posible, todo se experimentaba. Los religiosos empezaron a emerger de las sombras de la institución, y a alejarse de los trabajos tan propios, anónimos y funcionales del servicio social católico para instalarse en las necesidades de un pueblo, no de un sistema.
Los religiosos rompieron las barreras denominacionales. Adquirieron voz en público. Empezaron a operar dentro de la sociedad y hombro con hombro con el resto del pueblo de Dios. Abandonaron las estructuras y simbolos que procedian de una teologia dualista y descubrieron lo sagrado en lo secular. Estaban seguros de que poniéndose al día, la vida religiosa se reanimaría, le darían sentido frente a este mundo, la harían atractiva para esta generación, importante a los ojos de los demás.
Pero el mundo siguió su curso como si nada, algo molesto por haber perdido lo que había llegado a ser mística religiosa; otros, confundidos por un estilo de vida aparentemente todavía más sin sentido que nunca. Y si no iban a encontrar mística en la vida religiosa, para ¿qué entrar?
Lo que se decía más de la vida religiosa era la edad promedio y la falta de vocaciones. Y algunos más interesados por los números que por el contenido, decían que la vida religiosa había pasado de moda.
Por un tiempo, la mayoría del mundo religiososo ni se movió. Los religiosos de Estados Unidos iban peligrosamente avanzados en el proceso, y pronto fueron descalificados por decadentes, o al menos por haberse equivocado seriamente.
En Sudamerica, los religiosos estaban también profundamente comprometidos en el cambio y fueron considerados por muchos como ingenuos al servicio de grupos políticos subversivos, más que congregaciones bajo el impulso del Espíritu Santo.
Europa en su mayoría había mantenido, sin embargo, un modelo de vida religiosa más pre-conciliar y en los nuevos países independientes la mayor parte de los religiosos no estaban interesados en el tema de la renovación religiosa: demasiadas escuelas que abrir, demasiados pobres que atender, demasiados refugiados que acomodar, como para tener tiempo de preguntarse sobre el sentido de la vida religiosa.
En la mayor parte del mundo, la renovación de la vida religiosa tomó más el carácter de un simulacro de incendio, pero no de un incendio de verdad. Algo había que hacer pero no demasiado en serio.
Pues bien, se acabo el tiempo: los signos están ahora por doquier. El simulacro se ha convertido en incendio. El sentido de pertenencia está por los suelos en todo el mundo. Viejas instituciones religiosas se han vuelto obsoletas o han sido reemplazadas por instituciones laicales. En Irlanda, el año pasado, se pusieron a la venta más de 60 propiedades religiosas.
Aun en el mundo en desarrollo, si el papel de la vida religiosa se considera funcional, las necesidades son demasiadas y las vocaciones, insuficientes. Es decir, donde predomina el modelo occidental de vida religiosa del siglo XIX, los planes de la sociedad y de las congregaciones no coinciden y dejan a la gente sin apoyo, y a las comunidades sin relevancia social. La cuestión es, por supuesto, si es todavía de alguna utilidad la vida religiosa en la “era del laicado”.
Diarmud O’Murchu, en Religious Life: A Prophetic Vision, subraya tres dimensiones que están muy relacionadas con la situación actual de la vida religiosa y dice que para ser efectiva debe reflejar las más profundas aspiraciones del espíritu humano de libertad, amor y justicia. Debe estar en el mundo sin ser del mundo. Debe ser critica de la sociedad en la que existe desde la perspectiva del evangelio y para el provecho de los pobres y oprimidos.
La vida religiosa depende mucho más de la finalidad y los valores del grupo que de las meras estructuras.
Marcello de C. Azevedo, SJ., en su articulo Challenges to European Religious, pide a los religiosos europeos que se abran a los cambios de su situación social, que levanten las voces proféticas en su propia cultura y que apoyen en vez de aplastar la nueva función de la vida religiosa fuera de Europa. Que no se dediquen a las necesidades del pasado sino que encaren los grandes problemas de la actualidad que plagan y dividen a la gente.
Lo importante es que la vida religiosa está a punto de renovarse y confronta dos opciones: la comodidad personal o la presencia profética, compromisos individuales o congregaciones con carisma. Ninguna de las dos es fácil.
El problema ya no son las estructuras de la vida religiosa: se las ha modificado cuanto se ha querido. El problema ahora es el compromiso de los religiosos mismos.
Si la preocupación fundamental de cada religioso y de sus congregaciones, después de tantos años de adaptación y de ajustes y desarrollo individual, es la comodidad, la seguridad, la espiritualidad privada, la conservación de museos monásticos o antiguas instituciones apostólicas, ambos autores dicen que no hay razón para que exista ese tipo de vida religiosa.
Si comunidades de hoy desaparecen, algo nuevo seguramente seguirá en su lugar porque el papel de la vida religiosa es personificar y expresar los valores esenciales, los mejores, los valores ejemplares de la humanidad.
Dios nunca deja de “confortar a su pueblo”, de enviarle un profeta, de levantar una voz en el desierto.
Una cosa es segura: hay mucha vida en esta muerte. En estos 25 años han sucedido más cambios en las comunidades religiosas que en todo lo que va desde principios del siglo XIX. Lo que falta ver es si las comunidades en general van a seguir forjando vigorosamente, para un mundo a punto de globalizarse, una Iglesia entrampada en el sexismo y una nación clasista, o si desgastados por la lucha de los últimos 25 años, y aficionados al calor del nido, se van a contentar con la pasividad, la privacidad y la comodidad personal.
El problema ahora no es ver si en cada comunidad tenemos unos cuantos profetas esforzándose por mantenerse activos bajo el peso muerto del pasado. El problema ahora es si tenemos comunidades proféticas que en conjunto sean un signo de esperanza, donde ni la edad ni el número de religiosos estorbe su llamamiento o suprima sus voces, donde ni el quietismo ni la desesperación oscurezcan los modelos alternativos que deben ofrecer, en cada época, a un mundo necesitado de alternativas.
La cuestión ahora es si hay en nosotros espiritualidad profunda, fundamentada, genuinamente evangélica para llegar, más allá de nuestras plegarias personales, a edificar el Reino de Dios, que es a lo que nos llaman esas plegarias.
La Iglesia está esperando. El mundo está a la espera. Los jóvenes están esperando una vida religiosa tan insertada en el momento contemplativo que haga cosas significativas de modo significativo, en este momento decisivo de la historia. Quieren ver si esta generación de religiosos tienen algo que aportar en esta época, como lo hicieron ante los problemas del pasado. Ahora tenemos la oportunidad de ser mas religiosos que nunca.
Preparado por 25 años de cambios y adaptaciones cosméticas, el mundo esta esperando ver si los religiosos van a dar el siguiente paso decisivo.
Joan Chittister, O.S.B.
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