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Friday, May 20, 2016

El buen sacerdote lleva un estilo de vida simple, está siempre disponible, crea comunidad, por el papa Francisco

El P. Jorge Bergoglio,
hoy papa Francisco,
en sus primeros años de sacerdocio.
EL PERFIL DE UN BUEN SACERDOTE

Francisco desgranó este lunes ante los obispos italianos las cualidades que debe tener un buen sacerdote, todas ellas en línea con lo que viene siendo su predicación habitual sobre la reforma del clero.

Fue en la apertura de la 69° asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Italiana, que se prolongará hasta el 19 de mayo. Quien esperaba un discurso relacionado a los problemas nacionales italianos habrá quedado desilusionado, señala Sergio Mora en Zenit, porque el Papa no abordó el tema de la nueva ley sobre uniones civiles, ni habló sobre la recepción de los inmigrantes, sino que les recordó cómo debe ser el perfil de un buen sacerdote. O sea, un hombre de paz siempre disponible. Nunca un burócrata o un funcionario anónimo, que no se escandaliza cuando las personas son frágiles. Y citando las estructuras y los bienes económicos invitó a “mantener solamente lo que sirve para la experiencia de fe y de caridad del pueblo de Dios”.

Después de la oración inicial y del canto del Veni Creator, Francisco ha partido de la premisa que “sin el Espíritu Santo no existe posibilidad de vida buena ni de reforma” e invitó a mirar el rostro “de uno de los tantos párrocos que se consumen en nuestras comunidades” para entender qué le da sabor su la vida, por qué se empeña en el servicio, y cuál es la razón última de su donación.

A los obispos reunidos en el Aula Nueva del Sínodo señaló la figura de “Moisés que se acercó al fuego y dejó que las llamas quemaran su ambición de carrera y poder”. Descalzo, sin escandalizarse por las fragilidades humanas, consciente de ser como el paralítico curado, distante de la frialdad del rigorista, con el aceite de la esperanza y de la consolación se vuelve próximo de todos y dispuesto a compartir el abandono y el sufrimiento.

“Así, nuestro sacerdote no es un burócrata o un anónimo funcionario de la institución; no está consagrado a un rol de empleado, no está movido por los criterios de la eficiencia”. Además “sabe que el amor es todo. No busca seguridades terrenas o títulos honoríficos que llevan a confiar en el hombre; no pide nada para sí en el ministerio que vaya más allá de su real necesidad, ni está preocupado de atar a sí a las personas que le han sido confiadas”.

“Su estilo de vida –prosigue el Santo Padre– simple y esencial, siempre disponible, lo vuelve creíble a los ojos de la gente y lo acerca a los humildes, en una caridad pastoral que los vuelve libres y solidarios”.

Tiene que ser un siervo que se ha vuelto rico por frecuentar a los pobres, “un hombre de paz y de reconciliación, un signo y un instrumento de la ternura de Dios, atento a difundir el bien con la misma pasión con la cual los otros se ocupan de sus intereses”.

Para entender por quién se empeña un presbítero, parte, señala el Santo Padre, de la “participación que tiene en la Iglesia, de una comunidad concreta con la cual comparte el camino”. Y esta pertenencia “es la sal de la vida del presbítero”. Y en esta época pobre de amistad social “nuestra primera tarea es construir comunidad”.

También es fundamental vivir el sacerdocio, no de manera ocasional o por una colaboración instrumental, sino libre de narcisismos y de los celos clericales, que haga crecer la estima, el apoyo, la benevolencia recíproca y la fraternidad concreta.

En la reflexión sobre la renovación del clero el Papa les ha señalado la gestión de las estructuras de los bienes económicos: “En una visión evangélica eviten de volverse pesados en una pastoral de conservación que se vuelve obstáculo a la apertura a la perenne novedad del Espíritu. Mantengan solamente lo que pueda servir para la experiencia de fe y de caridad del pueblo de Dios”.

Y sobre la razón última del donarse señaló que quienes quieren calcular todo son los más infelices. Porque el buen presbítero “con sus límites, es uno que se juega hasta el fondo y se ofrece con gratuidad, humildad y alegría”.

El Santo Padre concluyó señalando que la triple pertenencia es al Señor, a la Iglesia y al Reino. Y que con ellos reza “a la Virgen Santa para que lleven el servicio que les fue confiado y con el cual participan al misterio de la Madre Iglesia”.

Fuente: religionenlibertad.com

Friday, August 28, 2015

¿Ser sacerdote te hace feliz? por el P. Carlos Alfonso Garzón López, S.F.

¿Por qué un Hijo de la Sagrada Familia? por el P. Carlos Alfonso Garzón López, S.F.

Mi experiencia vocacional con la gente, por el P. Carlos Alfonso Garzón López, S.F.

Personas que influyeron en mi vocación, por el P. Carlos Alfonso Garzón López, S.F.

¿Cómo nació mi vocación? por el P. Carlos Alfonso Garzón López, S.F.

La importancia de la familia en mi vocación, por el P. Carlos A. Garzón López, S.F.

Wednesday, February 4, 2015

"Para un religioso progresar es abajarse en el servicio" (Papa Francisco)

En la Jornada de la Vida Consagrada el Santo Padre ha presidido la eucaristía en la Fiesta de la Presentación del Señor

El fortalecimiento y la renovación de la vida consagrada se realizan a través de un gran amor a la regla, y también a través de la capacidad de contemplar y escuchar a los ancianos de la congregación. Así lo ha expresado el santo padre Francisco este lunes por la tarde en la misa de la Fiesta de la Presentación del Señor y Jornada de la Vida Consagrada, que ha presidido en la Basílica Vaticana.

De este modo, el Papa ha explicado en la homilía, que el carisma de cada familia religiosa es custodiada por la obediencia y la sabiduría, juntas. Y a través de este camino “nos evitamos vivir nuestra consagración de una manera ligera y descarnada, como si fuera una gnosis, que se reduciría a una ‘caricatura’ de la vida religiosa, en la que se implementa una sucesión sin renuncia, una oración sin encuentro, una vida fraterna sin comunión, una obediencia sin confianza, una caridad sin trascendencia".

El Santo Padre ha presidido la celebración eucarística junto a los miembros de los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica, ceremonia que inició con la bendición de las velas y la procesión. Además, han concelebrado sacerdotes pertenecientes a órdenes, congregaciones e institutos religiosos.

Francisco ha invitado a imaginar a María que camina con el Niño Jesús en brazos, lo lleva al templo, lo introduce en el pueblo, le lleva a encontrar a su pueblo. Los brazos --ha asegurado el Papa-- son como la “escalera” sobre la que el Hijo de Dios desciende hacia nosotros, la escalera de la condescendencia de Dios.

De este modo, el Santo Padre ha explicado el doble camino de Jesús: Él ha descendido, se ha hecho como nosotros, para subir al Padre junto con nosotros, haciéndose como Él. Y este movimiento podemos contemplarlo “en el corazón, imaginando la escena evangélica de María que entra en el templo con el Niño en brazos. La Virgen camina, pero es el Hijo quien camina antes que ella”.

 “Quien sigue a Jesús se pone en el camino de la obediencia, imitando la condescendencia del Señor, abajándose y haciendo propia la voluntad del Padre, también hasta la destrucción y la humillación de sí mismo”,  ha asegurado el Papa. Para un religioso --ha indicado-- progresar es abajarse en el servicio.

Por otro lado, el Papa ha explicado que este camino toma forma en la regla, marcada por el carisma del fundador. “La regla insustituible, para todo, es siempre el Evangelio, este abajarse de Cristo, pero el Espíritu Santo, en su creatividad infinita, lo expresa también en distintas reglas de vida consagrada, pero todas nacen de la sequela Christi, de este camino de abajarse sirviendo”.

A continuación, el Pontífice ha recordado que la alegría del religioso es consecuencia de este camino de abajarse con Jesús. Por eso, cuando un religioso está triste debería preguntarse cómo está viendo esta dimensión kenótica, ha propuesto el Papa.

En el pasaje de la Presentación de Jesús, la sabiduría está representada por dos ancianos: Simeón y Ana. “El Señor les ha dado la sabiduría a través de un largo camino en la vía de la obediencia a su ley, obediencia que, por una parte, humilla y destruye, pero, por otra parte, cuida y garantiza la esperanza, y ahora son creativos porque están llenos del Espíritu Santo.

Como en el caso de María, ha explicado el Santo Padre, también el anciano lleva al niño, pero, en realidad, es el niño que conduce al anciano. Al respecto el Papa ha observado que es curioso que aquí no son los jóvenes los creativos: “Los jóvenes, como María y José, siguen la ley del Señor, el camino de la obediencia. Y “el Señor transforma la obediencia en sabiduría, con la acción de su Santo Espíritu”, ha añadido. Francisco ha recordado que la obediencia y la docilidad no son una cosa teórica.

Asimismo, ha asegurado que “a través del camino perseverante en la obediencia, madura la sabiduría personal y comunitaria, y así se hace posible también adaptar las reglas a los tiempos: la verdadera ‘actualización’, de hecho, es obra de la sabiduría, forjada en la docilidad y la obediencia.

Finalmente, el Santo Padre ha afirmado que al igual que María y Simeón “queremos tomar en brazos a Jesus para que se encuentre con su pueblo”. Asimismo ha invitado: “Guiamos Jesús pero nos dejamos guiar. Esto es lo que debemos ser: guías guiados”.

Fuente:zenit.org

Monday, December 22, 2014

Francisco a la Curia: las 15 tentaciones que es necesario combatir

El papa Francisco se reunión este lunes por la mañana en el Vaticano, con los dirigentes y miembros de los diversos dicasterios, consejos, oficinas, tribunales y comisiones que la componen la Curia Romana y la invitó "a ser un cuerpo que intenta día tras día ser más vivo, más sano y armonioso y más unido entre sí y con Cristo''. Y para ello el Santo Padre, con franqueza paternal señaló las tentaciones que es necesario combatir.

''La Curia está siempre llamada a mejorar y crecer en comunión, santidad y sabiduría para realizar plenamente su misión. Y sin embargo, como cada cuerpo, también está expuesta a las enfermedades... Me gustaría mencionar algunas de las más frecuentes en nuestras vidas de curia.

Son enfermedades y tentaciones que debilitan nuestro servicio al Señor'', prosiguió el Pontífice y después de invitar  a todos a un examen de conciencia en este tiempo de Adviento, y en preparación de la Navidad, enumeró las 'enfermedades' curiales:

1 -  'La enfermedad de sentirse inmortal, inmune o incluso indispensable, dejando de lado los controles necesarios y normales. Una Curia que no es autocrítica, que no se actualiza, que no intenta mejorarse es un cuerpo enfermo... Es la enfermedad del rico insensato que pensaba vivir eternamente y también de aquellos que se convierten en amos y se sienten superiores a todos y no al servicio de todos''.

2- La enfermedad de "martalismo" (Marta), de la excesiva operosidad: es decir, de aquellos que están inmersos en el trabajo, dejando de lado, inevitablemente,''la mejor parte": Sentarse a los pies de Jesús. Por eso, Jesús invitó a sus discípulos a "descansar'' porque descuidar el necesario reposo conduce al estrés y la agitación. El tiempo del reposo para aquellos que han completado su misión, es necesario, es debido y debe tomarse en serio: pasar un "tiempo de calidad ''con la familia y respetar las vacaciones como un tiempo para recargarse espiritual y físicamente; hay que aprender lo que enseña el Eclesiastés que 'hay un tiempo para todo'.

3- La enfermedad del endurecimiento mental y espiritual: "Es la de los que, a lo largo del camino, pierden la serenidad interior, la vivacidad y la audacia y se esconden bajo los papeles convirtiéndose en 'máquinas de trabajo' y no en "hombres de Dios"... "Es peligroso perder la sensibilidad humana necesaria para hacernos llorar con los que lloran y se regocijan con los que gozan. Es la enfermedad de los que pierden 'los sentimientos de Jesús".

4 - Planificar como contador. "La enfermedad de la planificación excesiva y el funcionalismo: Es cuando el apóstol planifica todo minuciosamente y cree que haciendo así, las cosas efectivamente progresan, convirtiéndose en un contador o contable...Se cae en esta enfermedad porque siempre es más fácil y cómodo quedarse en la propia posición estática e inmutable. De hecho, la Iglesia se muestra fiel al Espíritu Santo en la medida en que no pretende regularlo ni domesticarlo ... Él es la frescura, la fantasía, la innovación".

5 - La no cooperación. "La enfermedad de la mala coordinación: Sucede cuando los miembros pierden la comunión entre sí y el cuerpo pierde la funcionalidad armoniosa y la templanza convirtiéndose en una orquesta que hace ruido porque sus miembros no cooperan y no viven el espíritu de comunión y equipo".

6 - "La enfermedad de Alzheimer espiritual: Es decir, la de olvidar la 'historia de la salvación' la historia personal con el Señor, el 'primer amor'. Es una disminución progresiva de las facultades espirituales... Lo vemos en los que han perdido el recuerdo de su encuentro con el Señor...en los que construyen muros alrededor de sí mismos y se convierten cada vez más. en esclavos de las costumbres y de los ídolos que han esculpido con sus propias manos".

7 - "La enfermedad de la rivalidad y la vanagloria: Pasa cuando la apariencia, los colores de las ropas y las insignias de honor se convierten en el principal objetivo de la vida... Es la enfermedad que nos lleva a ser hombres y mujeres falsos y a vivir una mística falsa y un falso quietismo.

8 - "La enfermedad de la esquizofrenia existencial: Es la enfermedad de los que viven una doble vida, fruto de la hipocresía típica de los mediocres y del progresivo vacío espiritual que ni grados ni títulos académicos pueden llenar. Se crean así su propio mundo paralelo, donde dejan a un lado todo lo que enseñan con severidad a los demás y empiezan a vivir una vida oculta y, a menudo, disoluta''.

9 - ''La enfermedad de las habladurías, de la murmuración, del cotilleo: Es una enfermedad grave que comienza con facilidad, tal vez sólo para charlar, pero que se apodera de la persona convirtiéndola en sembradora de cizaña (como Satanás), y en muchos casos en asesino a sangre fría' de la fama de sus colegas y hermanos. Es la enfermedad de las personas cobardes que por no tener valor de hablar a la cara, hablan a las espaldas.

10 - "La enfermedad de divinizar a los jefes: Es la enfermedad de los que cortejan a los superiores, con la esperanza de conseguir su benevolencia. Son víctimas del arribismo y del oportunismo, honran a las personas y no a Dios. Son personas que viven el servicio pensando sólo en lo que tienen que conseguir y no en lo que tienen que dar. Personas mezquinas, infelices e inspiradas sólo por su egoísmo fatal".

11 - "La enfermedad de la indiferencia hacia los demás: Es cuando todo el mundo piensa sólo en sí mismo y pierde la sinceridad y la calidez de las relaciones humanas. Cuando los más expertos no ponen sus conocimientos al servicio de los colegas con menos experiencia. Cuando, por celos.. se siente alegría al ver que otros caen en lugar de levantarlos y animarlos".

12 - La enfermedad de la cara de funeral: Es decir, la de las personas rudas y sombrías, que consideren que para ser serios hace falta pintarse la cara de melancolía, de severidad y tratar a los demás --especialmente a aquellos considerados inferiores-- con rigidez, dureza y arrogancia. En realidad, la severidad teatral y el pesimismo estéril son a menudo los síntomas del miedo y la inseguridad en sí mismo".

13 - "La enfermedad de la acumulación: Cuando el apóstol busca llenar un vacío existencial en su corazón acumulando bienes materiales, no por necesidad, sino simplemente para sentirse seguro... La acumulación solamente pesa y ralentiza el camino inexorablemente".

14 - "La enfermedad de los círculos cerrados: Donde la pertenencia al grupo se vuelve más fuerte que la del Cuerpo y, en algunas situaciones que la de a Cristo mismo. También esta enfermedad comienza siempre con buenas intenciones, pero con el paso del tiempo esclaviza a los miembros convirtiéndose en "un cáncer" que amenaza la armonía del cuerpo y puede causar tanto daño -escándalos- especialmente a nuestros hermanos más pequeños".

15 - "La enfermedad de la ganancia mundana, del lucimiento: Cuando el apóstol transforma su servicio en poder, y su poder en mercancía para conseguir beneficios mundanos o más poderes. Es la enfermedad de la gente que busca insaciablemente multiplicar su poder y para ello son capaces de calumniar, difamar y desacreditar a los demás, incluso en periódicos y revistas. Naturalmente para lucirse y demostrarse más capaces que los otros".

''Por lo tanto -señaló Francisco, después de explicar el catálogo de las enfermedades- estamos llamados - en este tiempo de Navidad y todo el tiempo de nuestro servicio y de nuestra existencia - a vivir "según la verdad en el amor, intentando crecer en todo hacia aquel que es la cabeza, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado, mediante la colaboración de todas las coyunturas, según la energía propia de cada miembro, recibe fuerza para crecer de manera de edificarse a sí mismo en la caridad''.

''Una vez leí -concluyó- que "los sacerdotes son como los aviones, son noticia sólo cuando se caen, pero hay tantos que vuelan. Muchos los critican y pocos rezan por ellos''. Es una frase muy simpática, pero también muy cierta, ya que describe la importancia y la delicadeza de nuestro servicio sacerdotal y cuanto daño puede causar un sacerdote que "cae" a todo el cuerpo de la Iglesia''.

Fuente: zenit.org

Saturday, December 13, 2014

Año de la Vida Consagrada: entrevista a Mons. José Rodríguez Carballo, "Más que las cifras, importa la calidad de la vida religiosa"

El arzobispo español José Rodríguez Carballo, Secretario de la Congregación vaticana para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, coordina el Año de la Vida Consagrada, en el que el Papa -afirma- pide a los religiosos «que seamos testigos de la alegría, que despertemos al mundo con la fuerza de la profecía, que salgamos a las periferias existenciales del hombre y de la mujer de hoy -allí donde sea necesaria la luz del Evangelio-, y que constantemente nos preguntemos qué es lo que el hombre y la mujer de hoy nos están pidiendo»

¿Por qué cree usted que el Papa ha dedicado el año 2015 a la Vida Consagrada?

El motivo que ha llevado al Santo Padre a dedicar el año 2015 a la Vida Consagrada es por la gran importancia que ésta tiene en la Iglesia y en el mundo. Por otra parte, era algo que pedían muchos consagrados y también la Congregación vaticana que se ocupa de la animación de esta forma de seguimiento de Cristo. El Papa Francisco, consagrado también él, como afirma en la Carta apostólica Testigos de la alegría, atento a las exigencias del momento y hombre de escucha, fue muy sensible a esta petición.

La celebración tiene lugar en el 50 aniversario de la publicación del Decreto Perfectae caritatis, del Concilio Vaticano II, sobre la adecuada renovación de la vida religiosa. Han sido años de grandes cambios en el mundo, el Concilio ¿logró sus objetivos en la renovación de la vida religiosa?

Ante todo, el Concilio, como ha dicho el Papa Juan Pablo II, ha sido una gran gracia para la Iglesia del siglo XX, por otra parte, sigue siendo brújula para la Iglesia del siglo XXI. Los consagrados vemos este tiempo del Concilio y del postconcilio como un tiempo del Espíritu, un tiempo de gracia, como afirma el Papa Francisco, por ello queremos mirar a estos años con inmensa gratitud. Por otra parte, hemos de reconocer que todavía no se ha realizado todo lo que pedía el Concilio, ni en la vida consagrada ni en la vida misma de la Iglesia, por eso queremos hacer memoria del Concilio -ése es el primer objetivo del Año de la Vida Consagrada-, lo que nos obliga a seguir actuándolo, a la luz del magisterio posterior de Pablo VI, de Juan Pablo II, particularmente a la luz de la Exhortación apostólica Vita consecrata, de Benedicto XVI y del Papa Francisco. Por todo ello, pensamos que la renovación querida y pedida por el Vaticano II debe continuar en fidelidad creativa a Cristo, al propio carisma y a los hombres y mujeres del mundo de hoy, teniendo en cuenta las exigencias de la propia vocación y misión.

Al analizar la situación de la vida religiosa actual, un asunto importante es la crisis de vocaciones. Dos cuestiones: ¿la falta de vocaciones pone en peligro la vida consagrada? Y, ¿no cree que hablamos con frecuencia de las consecuencias, pero no suficientemente de las causas de esta falta de vocaciones?

Ciertamente, la crisis de vocaciones es evidente, sobre todo en Europa. También en América del Norte, y ahora comienza a sentirse en América Latina. De todos modos, el problema más grave que veo yo es la falta de perseverancia. Todavía son muchos los que llaman a nuestras puertas, pero la perseverancia, sobre todo en algunas culturas, es bastante baja. El fenómeno de la disminución de vocaciones es muy complejo y las causas son muchas. No la última: la crisis que está atravesando la familia y la crisis de valores evangélicos que estamos viviendo. Yo creo que éste es un fenómeno que hay que analizar en profundidad. Por otra parte, teniendo en cuenta los candidatos que nos llegan, propios de la sociedad que todos hemos creado, hace falta un gran discernimiento y un acompañamiento muy personalizado. En este contexto, pienso que la formación ha de ser evangélicamente mucho más exigente (no rígida, sino evangélicamente exigente) y el discernimiento mucho más atento. No podemos caer en la tentación del número y de la eficiencia. Lo que cuenta no es tanto el número, sino la calidad evangélica de vida a la que todos los consagrados están llamados.

El Papa Francisco es jesuita, religioso. ¿Cuál cree usted que es su sueño para este año dedicado a la vida consagrada? ¿Cómo imagina Francisco la contribución de los religiosos a la Iglesia?

El sueño del Papa Francisco para este Año de la Vida Consagrada lo ha expresado muy bien en la Carta apostólica Testigos de la alegría, que dirigió a todos los consagrados con fecha del 21 de noviembre. ¿Qué pide a los consagrados para este año? Que seamos testigos de la alegría, que despertemos al mundo con la fuerza de la profecía, que seamos hombres y mujeres «expertos en comunión», que salgamos a las periferias existenciales del hombre y de la mujer de hoy, allí donde sea necesaria la luz del Evangelio, y que constantemente nos preguntemos qué es lo que el hombre y la mujer de hoy nos están pidiendo. He ahí algunos de los sueños del Papa Francisco para este Año, sueños que son desafíos para todos los consagrados, llamados a dejarse interrogar por este Papa que nos conoce, nos ama y quiere una vida consagrada que despierte al mundo. Respondiendo a estos sueños del Papa Francisco, el Año de la Vida Consagrada será, como él mismo afirma en Testigos de la alegría, «un verdadero kairós y un tiempo de Dios rico de gracias y de transformaciones». El Papa Francisco espera mucho de los consagrados. Para él, algo que no puede faltar en la vida de un consagrado es la profecía y la alegría. Nos lo recuerda constantemente. Sólo desde ahí podremos gritar al mundo la belleza del seguimiento de Cristo en la vida consagrada.

¿Qué les dice usted a las congregaciones religiosas que hoy día están preocupadas por su misma supervivencia, a causa de la falta de vocaciones?

La preocupación por la supervivencia no es buena. Es lógico que hay que preocuparse por las vocaciones. Es nuestro presente y nuestro futuro. Hay, pues, que orar por las vocaciones, testimoniar la belleza de seguir a Cristo en la vida consagrada -Venid y veréis es la única propaganda vocacional evangélica-; hay que intensificar la pastoral juvenil, pero todo ello no debe llevarnos a olvidar que lo importante es que, muchos o pocos, seamos significativos evangélicamente hablando, que la vida consagrada siga despertando al mundo, como lo despertaron nuestros fundadores y fundadoras. Por otra parte, nuestra vocación es ser levadura, fermento. La calidad evangélica de vida no está asegurada por los números. Es cuestión de tener, de asimilar los sentimientos de Cristo (véase Filipenses 2, 5), de tener un corazón nuevo, de colocar a Cristo en el centro de la vida y de intentar vivir el Evangelio en toda su radicalidad. Todo se juega en la pasión por Cristo y la pasión por la Humanidad, sobre todo la Humanidad herida. El resto lo dejamos en las manos del Señor.

¿Por qué decidió usted consagrar su vida a Dios? ¿Qué le diría usted a un joven que está pensando en hacerlo?

Me consagré al Señor en la vida religiosa desde muy joven, convencido de que era la vocación a la que el Señor me llamaba. Si volviera a nacer, haría lo mismo y a la misma edad, aunque hoy parezca difícil poder consagrarse tan joven como era yo entonces. Considero la vocación religiosa, y en mi caso franciscana, a la que he sido llamado sin mérito alguno por mi parte, un gran don, un gran regalo. Con el salmista digo: «¡Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad!» Por ello, bendigo al Señor constantemente. Naturalmente, he encontrado en mi camino muchos que me han ayudado a decir Sí al Señor, comenzando por mis padres, mi formadores, muchos de mis compañeros y amigos. A todos ellos les debo mucha gratitud.

¿Qué decir a quién esté pensando en una posible consagración en la vida consagrada? 

A un joven que esté pensando dar una respuesta positiva a la llamada del Señor en la vida consagrada, le digo: «No tengas miedo. El Señor está contigo». ¿Te sientes débil? Como Pablo, podrás también tú hacer experiencia de que, cuando te sientes débil, entonces eres fuerte (véase 2 Corintios 12, 10). El Señor te dice, como a Jeremías: «No tengas miedo… Yo estoy contigo» (1, 8). Si el Señor te llama, te dará la gracia para poder responder con generosidad. Sé generoso y el Señor lo será muchísimo más contigo. No tengas miedo. El Señor no defrauda. ¡Adelante!, el Señor camina a tu lado.

Jesús Colina. Roma

Friday, December 12, 2014

“La fantasía del Espíritu ha creado formas de vida y obras tan diferentes, que no podemos fácilmente catalogarlas o encajarlas en esquemas prefabricados”, 2015, Año de la Vida Consagrada: Carta del Santo Padre Francisco a los consagrados.


Profecía de la Vida Consagrada

Espero que «despertéis al mundo», porque la nota que caracteriza la vida consagrada es la profecía (...)

El profeta recibe de Dios la capacidad de observar la historia en la que vive y de interpretar los acontecimientos: es como un centinela que vigila por la noche y sabe cuándo llega el alba (cf. Is 21,11-12). Conoce a Dios y conoce a los hombres y mujeres, sus hermanos y hermanas. Es capaz de discernir, y también de denunciar el mal del pecado y las injusticias, porque es libre, no debe rendir cuentas a más amos que a Dios, no tiene otros intereses sino los de Dios. El profeta está generalmente de parte de los pobres y los indefensos, porque sabe que Dios mismo está de su parte.

Fuente: 2015, Año de la Vida Consagrada:
Carta del Santo Padre Francisco a los consagrados

Vocaciones

La vida consagrada no crece cuando organizamos bellas campañas vocacionales, sino cuando los jóvenes que nos conocen se sienten atraídos por nosotros, cuando nos ven hombres y mujeres felices. Tampoco su eficacia apostólica depende de la eficiencia y el poderío de sus medios. Es vuestra vida la que debe hablar, una vida en la que se trasparenta la alegría y la belleza de vivir el Evangelio y de seguir a Cristo.

Fuente: 2015, Año de la Vida Consagrada:
Carta del Santo Padre Francisco a los consagrados

Alegría

«Donde hay religiosos hay alegría». Estamos llamados a experimentar y demostrar que Dios es capaz de colmar nuestros corazones y hacernos felices, sin necesidad de buscar nuestra felicidad en otro lado; que la auténtica fraternidad vivida en nuestras comunidades alimenta nuestra alegría; que nuestra entrega total al servicio de la Iglesia, las familias, los jóvenes, los ancianos, los pobres, nos realiza como personas y da plenitud a nuestra vida.

Fuente: 2015, Año de la Vida Consagrada:
Carta del Santo Padre Francisco a los consagrados

Expertos en comunión

Vivir el presente con pasión es hacerse «expertos en comunión», «testigos y artífices de aquel “proyecto de comunión” que constituye la cima de la historia del hombre según Dios».

En una sociedad del enfrentamiento, de difícil convivencia entre las diferentes culturas, de la prepotencia con los más débiles, de las desigualdades, estamos llamados a ofrecer un modelo concre-to de comunidad que, a través del reconocimiento de la dignidad de cada persona y del compartir el don que cada uno lleva consigo, permite vivir en relaciones fraternas.

Sed, pues, mujeres y hombres de comunión, haceos presentes con decisión allí donde hay diferencias y tensiones, y sed un signo creíble de la presencia del Espíritu, que infunde en los corazones la pasión de que todos sean uno (cf. Jn 17,21). Vivid la mística del encuentro: «la capacidad de escuchar, de escuchar a las demás personas. La capacidad de buscar juntos el camino, el método», dejándoos iluminar por la relación de amor que recorre las tres Personas Divinas (cf. 1 Jn 4,8) como modelo de toda relación interpersonal (...)

Se trata de buscar la acogida y la atención recíproca, de practicar la comunión de bienes materiales y espirituales, la corrección fraterna, el respeto para con los más débiles... Es «la mística de vivir juntos» que hace de nuestra vida «una santa peregrinación»

Fuente: 2015, Año de la Vida Consagrada:
Carta del Santo Padre Francisco a los consagrados

“La fantasía de la caridad no ha conocido límites y ha sido capaz de abrir innumerables sendas para llevar el aliento del Evangelio a las culturas y a los más diversos ámbitos de la sociedad.” 2015, Año de la Vida Consagrada: Carta del Santo Padre Francisco a los consagrados.


Las Constituciones y Reglas de los consagrados: expresión del Evangelio

Para los fundadores y fundadoras, la regla ha sido el Evangelio, cualquier otra norma quería ser únicamente una expresión del Evangelio y un instrumento para vivirlo en plenitud. Su ideal era Cristo, unirse a él totalmente, hasta poder decir con Pablo: «Para mí la vida es Cristo» (Flp 1,21); los votos tenían sentido sólo para realizar este amor apasionado.

Fuente: 2015, Año de la Vida Consagrada:
Carta del Santo Padre Francisco a los consagrados

Comprensión de la historia y el carisma del propio Instituto según la Carta del papa Francisco a los consagrados

Vosotros no solamente tenéis una historia gloriosa para recordar y contar, sino una gran historia que construir. Poned los ojos en el futuro, hacia el que el Espíritu os impulsa para seguir haciendo con vosotros grandes cosas.

(...)

Cada Instituto viene de una rica historia carismática. En sus orígenes se hace presente la acción de Dios que, en su Espíritu, llama a algunas personas a seguir de cerca a Cristo, para traducir el Evangelio en una particular forma de vida, a leer con los ojos de la fe los signos de los tiempos, a responder creativamente a las necesidades de la Iglesia. La experiencia de los comienzos ha ido después creciendo y desarrollándose, incorporando otros miembros en nuevos contextos geográficos y culturales, dando vida a nuevos modos de actuar el carisma, a nuevas iniciativas y formas de caridad apostólica. Es como la semilla que se convierte en un árbol que expande sus ramas. Es oportuno que cada familia carismática recuerde este Año sus inicios y su desarrollo histórico, para dar gracias a Dios, que ha dado a la Iglesia tantos dones, que la embellecen y la preparan para toda obra buena (cf. Lumen gentium, 12).

Poner atención en la propia historia es indispensable para mantener viva la identidad y fortalecer la unidad de la familia y el sentido de pertenencia de sus miembros.

(...)

También es una manera de tomar conciencia de cómo se ha vivido el carisma a través de los tiempos, la creatividad que ha desplegado, las dificultades que ha debido afrontar y cómo fueron superadas.

Fuente: 2015, Año de la Vida Consagrada:
Carta del Santo Padre Francisco a los consagrados

Thursday, December 11, 2014

¿Qué es esto de tener vocación?, por José Gea

Vocación significa llamada, invitación y cosas por el estilo. Supongamos que a Mozart lo hubiesen dedicado al deporte; podía haber sido una nulidad; o que a Messi lo hubiesen dedicado a la música; lo mismo. Cada uno nacemos con unas cualidades y según ellas tenemos unas tendencias determinadas que marcan nuestra vocación. Esto vale para la vida natural.

Pero también nos da unas gracias o cualidades sobrenaturales y con unas y otras, de alguna manera, nos indica el camino que debemos tomar en la vida. Por decirlo de algún modo, Dios no nos echa al mundo y “defiéndete” como puedas. No; nos crea con una misión concreta y personal a cada uno y, para cumplirla nos ha dado unas cualidades concretas. Poniendo un ejemplo, podríamos decir que quiere como construir su Iglesia como un mosaico grandioso en que cada uno de nosotros venimos a ser como una piedrecita dentro del mismo en el que tenemos asignado un lugar concreto.
         
Pero como Dios no abandona al hombre al crearlo, llega el momento en que, de un modo u otro, nos llama y nos invita a ocupar el puesto que nos ha asignado al crearnos. Es el momento de la llamada o de la vocación.

Y así decimos que unos somos llamados a dedicarnos a una profesión o a formar una familia o a dedicarnos en exclusiva al Señor en el sacerdocio o en la vida consagrada. Es lógico que sea Dios quien nos llame pues es Él quien nos ha creado para un puesto determinado en la Historia y en la Iglesia.

Por tanto, no podemos decir que hoy haya pocas vocaciones sacerdotales o consagradas; sigue habiéndolas como siempre, muchas, tantas cuantas hacen falta. Pero una cosa es tener una vocación (la tenemos todos) y otra es responder positivamente a la llamada del Señor. Y cuando decimos que en la actualidad hay pocas vocaciones, no es que digamos que Dios llama pocas veces, sino que no hay muchas respuestas positivas a la llamada del Señor al sacerdocio o a la consagración. Y es que muchos jóvenes cuando se sienten llamados para dedicarse al Señor en exclusiva, miran hacia otra parte.

Algo de esto es lo que, a mi modo de ver, está sucediendo hoy. Dios sigue llamando y el hombre sigue sin querer escuchar su llamada. Y para justificarse en su conciencia, se pregunta ¿y cómo sé yo que me llama? Pues claro que lo puedes saber. ¿Cómo puedes saberlo? ¿Lo digo? Sí, lo voy a decir. Hay como cuatro puntos que pueden indicarte el camino para encontrar tu vocación.

Primero: Tener cualidades, o sea, vivir como cristiano en serio; no ser cristiano de nombre porque has sido bautizado; y si ves que ni siquiera vas a misa, empezar a ir; no tener un genio tan vivo que nadie puede soportarte; no querer ser el señor perfecto o la señora perfecta; no aguantar ni un ratito leyendo y, menos, estudiando; no ser un melindroso; ser incapaz de convivir. Y si ves algún defecto de éstos o de otro tipo, estar dispuesto a corregirlos.

Segundo: Tener recta intención, es decir, no querer ser sacerdote o consagrado para tener fama, para vivir bien, para brillar, para ser como mi tío o como mi primo o como mi tía o mi amiga…

Tercero: Tener cierta inclinación. Es  lógico. Así como en el orden humano hay quien tiene aptitudes para las letras o las ciencias, si uno tiene cierta inclinación a las matemáticas y hay quien no las quiere ver ni pintadas, y así como uno tiene una inclinación y cualidades para el deporte y no para hacer poesías, también uno puede tener una inclinación para ser sacerdote o para consagrarse al Señor siendo misionero o contemplativo aunque le guste también el matrimonio. Y en casos en que no lo vea claro, que no espere a que Dios le mande un angelito que se lo diga, sino que lo consulte con un sacerdote serio y experimentado, y que lo dialogue con el Señor.

Cuarto: Disponibilidad. Si no estás disponible, no darás el paso por más vueltas que le des. Todo en la vida cristiana es cruz; no creas que el matrimonio es un estado de placer; también es una cruz, no el embeleso del noviazgo. Dispuestos como el profeta: "Y percibí la voz del Señor que decía:  ¿A quién enviaré? ¿y quién irá en mi nombre? Dije: « Heme aquí: envíame. »" (Is. 6, 8). Y disponible como María: « He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. » " (Lc. 1, 38).
         
Lo que nunca hay que hacer es aquello que se cuenta de una joven que ante la imagen de la Virgen con el niño en brazos, le decía y repetía: Madre, lo que quieras, monja o casada. El sacristán, cansado por tener que esperar todos los días para cerrar la iglesia, oyó lo que le estaba pidiendo a la Virgen; se escondió detrás de la imagen y simulando la voz de niño, le contestó: monja. Inmediatamente respondió ella: Cállate niño, que estoy hablando con tu madre.

Fuente: religionenlibertad.com